La Impunidad del Relato: Corrupción en la Cima, Heladera Vacía en la Casa

 

Durante años, el discurso oficialista se sostuvo sobre una premisa implacable: la superioridad moral. Se instaló una vara tan alta que no permitía grises ni errores. Sin embargo, los eventos recientes demuestran que, cuando el espejo devuelve una imagen incómoda, la respuesta no es la transparencia ni la humildad, sino la indignación defensiva y el desprecio por la explicación pública.

No es casualidad que el vocero Manuel Adorni y el diputado José Luis Espert hayan utilizado casi el mismo guion para intentar salir del paso ante sus recientes escándalos. Al vocero, visiblemente molesto por las preguntas sobre sus viajes a Nueva York y sus finanzas personales, le brotó un soberbio: “Uno hace las cosas bien, pero te podés equivocar” y el ya célebre “yo hago lo que quiero con mi dinero”. Al diputado, las lágrimas y la apelación a la sensibilidad familiar para evitar profundizar en sus vínculos con Fred Machado y el presunto narcolavado.

Ambos reaccionan con la altanería de quien se cree intocable. Ese discurso repetido, casi calcado, es el síntoma de una patología mayor: una profunda subestimación hacia la inteligencia de la gente. Creen que el relato lo tapa todo, incluso lo evidente.

[Mirá la comparativa de los discursos aquí: https://www.instagram.com/reel/DWXB-7GDNWj/ ]

La vara rota: ¿Más papistas que el Papa?

El problema de llegar al poder agitando una bandera de "pureza" es que la caída siempre es más estrepitosa. Aquellos que prometieron barrer con los vicios de la “vieja política” hoy se ven enredados en una trama de presunta corrupción que ya es imposible de ocultar bajo la alfombra.

El caso de las coimas en la Agencia Nacional de Discapacidad es, quizás, el punto más bajo: un escándalo que golpea directamente a los sectores más vulnerables de la sociedad, mientras se predica austeridad. A esto se suman las irregularidades en el IOSFA (la obra social de las fuerzas armadas) y el opaco “Caso Libra” que tiene  al presidente Milei como protagonista.

La lista crece día a día y demuestra que el "cambio" fue, en muchos aspectos, apenas cosmético. Al final, terminaron siendo iguales o peores que aquellos a quienes criticaban con ferocidad. Cuando ponés la vara tan alta, el bumerán vuelve con más fuerza.

El contraste brutal: Inflación negada vs. Realidad cotidiana

Mientras el microclima del poder se ocupa de blindar a sus funcionarios y ensayar defensas guionadas, el resto del país vive una realidad paralela y dolorosa. El gobierno insiste en una ficción peligrosa: dicen que la inflación no existe o que está domada.

Pero la narrativa oficial se estrella contra la realidad cada vez que un argentino va a cargar nafta y ve cómo el precio sube por las nubes, arrastrando el costo de vida a niveles insoportables. La inflación no se mide en las planillas oficiales que el gobierno elige celebrar; se mide en el consumo que se desploma y en las familias que ya no pueden sostener lo básico.

Hoy, la heladera de la casa está vacía. Ese es el ajuste real. Hay un contraste obsceno entre un funcionario que dice “hago lo que quiero con mi dinero” y millones de ciudadanos que ya no saben qué más recortar para llegar a fin de mes. Negar la inflación mientras el bolsillo sangra es la forma más cruel de desprecio hacia el pueblo.

¿Reaccionarán las urnas?

La gran incógnita es cuánto tiempo más puede sostenerse un modelo basado en la negación del presente y la impunidad del discurso. Ellos actúan como si la gente fuera tonta y no pudiera conectar los puntos entre la corrupción que asoma en los despachos y la miseria que crece en los barrios.

Habrá que ver si, en las próximas elecciones, la sociedad sigue aceptando este accionar o si, finalmente, la realidad de la heladera vacía termina imponiéndose sobre la soberbia del relato. Porque al final del día, la vara alta no solo sirve para juzgar al otro; es, sobre todo, la medida exacta de tu propia coherencia. O de tu propia caída.

Por Lic. Claudio Guevara

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