El Odio Gana Elecciones
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¿Es esa la fórmula para 2027?
En política, el relato puede ganar elecciones.
Pero no llena la heladera.
Javier Milei construyó su liderazgo sobre una narrativa potente: la lucha contra “la casta”, el ajuste como acto moral, la promesa de que esta vez el sacrificio valía la pena porque era para ordenar definitivamente la Argentina.
El tono confrontativo no fue un exceso. Fue una estrategia.
Dividir, polarizar, tensar. Amor u odio. Blanco o negro. Ellos o nosotros.
Y eso funciona.
Porque las emociones movilizan más que los datos.
La identidad pesa más que la planilla de Excel.
El relato vs. el bolsillo
Sin embargo, hay una pregunta que tarde o temprano aparece:
¿La vida cotidiana mejoró?
Mientras el discurso se vuelve cada vez más intenso, en la vida real:
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La carne aumenta.
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La luz y el gas suben.
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El transporte se encarece.
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Los alquileres se disparan.
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Los servicios pesan cada vez más en el ingreso.
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El salario corre detrás de los precios.
No es una discusión ideológica.
Es una discusión doméstica.
La política puede ser épica.
Pero la economía es diaria.
La estrategia emocional
El Presidente no solo gobierna con medidas económicas. Gobierna con identidad.
Muchos argentinos no lo apoyan únicamente por resultados, sino por pertenencia. Porque sienten que están del lado correcto de una batalla cultural.
Y eso le permite algo central: que una parte importante de la sociedad tolere el ajuste mientras crea que forma parte de una transformación histórica.
Ahí está la clave de su fortaleza política.
Las contradicciones
Se dijo que no habría más impuestos.
Se prometió que el ajuste lo pagaría la política.
Se habló de terminar con privilegios y corrupción estructural.
Entonces la pregunta no es agresiva. Es lógica:
¿Las prácticas cambiaron en profundidad o cambió la narrativa?
Cuando las promesas se contrastan con la experiencia cotidiana, empieza a aparecer la duda.
Y la duda, en política, es más peligrosa que la oposición.
El límite del amor y el odio
El enfrentamiento permanente genera adhesión.
El maltrato genera espectáculo.
La confrontación ordena el escenario electoral.
Pero gobernar un país no es solo ganar discusiones.
Es construir estabilidad.
La polarización puede ser eficaz para consolidar un núcleo duro.
Pero una reelección necesita algo más que militantes convencidos: necesita ampliación, confianza transversal, previsibilidad.
Y ningún país crece enfrentándose consigo mismo de manera permanente.
2027: la decisión será de la sociedad
La política del enfrentamiento puede ser rentable.
El discurso agresivo puede consolidar una base.
La polarización puede ordenar el tablero electoral.
Pero ninguna estrategia es eterna.
La pregunta que empieza a asomar no es si el Presidente grita más fuerte o si la oposición responde con la misma intensidad. La pregunta es otra:
¿Los argentinos van a seguir validando este modelo con su voto?
¿Van a ratificar en 2027 que el camino del amor/odio, la confrontación constante y el maltrato institucional es el rumbo que quieren para el país?
Porque, en definitiva, más allá de los discursos, la decisión no la toma un dirigente.
La toma la sociedad.
Si el bolsillo mejora y la estabilidad llega, muchos estarán dispuestos a acompañar.
Si la realidad cotidiana sigue tensionada, el límite del relato puede empezar a aparecer.
2027 no será solo una elección.
Será un plebiscito sobre el estilo de hacer política en la Argentina.
Y ahí se sabrá si el odio gana elecciones…
o si la sociedad decide que es tiempo de algo distinto.
Lic. Claudio Guevara
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