Representación sin Conexión: entre la Territorialidad y los Juegos del Hambre
En tiempos donde la política parece hablarle cada vez menos a la sociedad, la construcción de representatividad real se vuelve un desafío urgente. No alcanza con ostentar cargos ni con manejar estructuras partidarias si esos liderazgos no están atravesados por una legitimidad que surja del contacto cotidiano con las problemáticas de la gente.
Claro que existen dirigentes con representación territorial. Algunos conocen el pulso de sus comunidades y han logrado sostener cierto vínculo desde el territorio. Pero hacia afuera, eso no se traduce en una renovación del liderazgo político. No hay nuevos nombres que convoquen, no hay una apuesta generacional, no hay una narrativa que entusiasme o movilice. Y, lo más preocupante, la militancia no se siente interpelada.
Lo que predomina, en cambio, es una disputa interna cerrada, donde se debaten lugares en listas como si fueran cuotas de poder a repartir entre los mismos de siempre. Mientras tanto, las demandas sociales se acumulan y la política tradicional pierde cada vez más capacidad de representación.
En este contexto, la pelea por los espacios parece una nueva edición de “Los Juegos del Hambre”, donde prima la lógica del sálvese quien pueda, sin un horizonte colectivo que ordene ni convoque.
Frente a esta escena, se vuelve imprescindible impulsar otro modelo de representación: uno que combine legitimidad social con mirada política, que se anime a abrir el juego, a construir desde la realidad y no solo desde las estructuras. La representación no se impone, se construye con coherencia, compromiso y, sobre todo, con cercanía.
Por Lic. Claudio Guevara

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